sábado, mayo 06, 2006

Googlito, googlito: ¿quién es el más bonito?

La malvada reina de Blancanieves acudía todas las mañanas a verse en el espejo y preguntarle, en un ejercicio de autorreferencialidad y alimento del ego, quién era la mujer más bonita del reino (supongo que después se institucionalizó el asunto en los concursos de belleza). Todo estaba bien en el reino hasta que un buen día el espejo le respondió: “lo siento mi reina pero ya estás en segundo lugar, bajaste en el “ranking” y una tal Blancanieves te supera”, es de todos sabido que a la monarquía no le gusta que la hagan menos y por ello la reina malvada, mediante lo que podríamos llamar un marketing agresivo (especulando además con el mercado agrícola, por aquello de la manzana) recuperó su lugar como la más bella. Ahora bien, ¿qué pasaría con la reina y Blancanieves en tiempos de Google? (recupero el tema a invitación de Adolfo y porque parece que ha resultado interesante). Vamos a ver un experimento que espero no parezca egocéntrico (porque no me gusta la monarquía y creo en el comercio justo):

Busqué mi nombre completo en Google (Edgar Gómez Cruz) entre comillas en Google (es decir, le “pedí” que buscara exactamente mi nombre completo para no tener miles de páginas que llevaran sólo mi nombre o alguno de mis apellidos, regreso a esto después), aparecieron aproximadamente (primera pregunta, ¿por qué aproximadamente? ¿Puede haber más páginas que mencionen a un Edgar Gómez Cruz y que no sean contempladas por Google?), 372 resultados. Aparecí el yo que soy yo (¿hay yos que no soy yo?) en primer lugar como miembro del Observatorio para la Cibersociedad. En mi caso parece un tanto obvio porque lo que estudio es precisamente este asunto de manera que he publicado algunas cosas en revistas electrónicas, o porque formo parte de colectivos que utilizan mucho Internet. Bien, veamos cosas “interesantes”:

Reflexión 1:

Lo primero que me llama la atención es que yo no controlo lo que hay acerca de mi en Internet, si bien muchos de los textos o enlaces yo los contemplé, muchos otros no (y que conste, estoy hablando sólo de los yos que sí soy yo). Como “académico en formación” me emociona ver que, por ejemplo, alguien (que no tengo la menor idea de quién sea) puso mi texto en Wikilearning. Es decir, en este sentido, a mi me “conviene” que me enlacen y entre más personas lo hagan, mi “posición” en el “ranking” será mejor; Google hará que aparezca primero cuando alguien busque un “Edgar Gómez Cruz” y perteneceré a esa “memoria histórica” de la que habla Ana (aunque los conceptos de memoria y de historia me generan un poco de ruido). Pero….¿qué pasa cuando una persona (otra vez, desconocida) te cita en un foro de sexualidad y gente que entra ahí para hablar de sexo comienza a discutir tu trabajo? A mi me parece maravilloso porque escinde la eterna división entre teoría y práctica no en el sentido del trabajo empírico sino en el de la discusión pública de tu trabajo (por cierto, no se pierdan la “estructura” de la conversación, vean como pasan de una cosa a otra), pero al mismo tiempo cosas así hacen que “pierda el control” sobre mi “identidad googliana” (que en tiempos de Internet equivale a mucho, aunque, como dice Ana, no lo es todo). Ahora vean esto: Un compa quiere cambiar de “identidad”, cito textualmente: “En expediente 136/2000 C. Edgar Gomez Cruz solicita autorización judicial para cambiarse el nombre con el que promueve por el de EDGAR ZUVIRIE GOMEZ.” Mientras que yo busco “afirmar” mi “identidad”, un compa en Veracruz (México), quiere no tener esa identidad. ¿Qué es el nombre entonces? ¿Qué nos conforma en tiempos de Internet?...Continuará…