martes, noviembre 07, 2006

Yo me bajo en Atocha...

Extrañaré esta ciudad, extrañaré sus barrios; Malasaña, Lavapiés y la Latina, a sus chinos y sus tiendas; el insoportable calor de verano y el insalvable frío de invierno; sus bocadillos de calamar bañados en minis de sidra, su paella y su gazpacho; su alcoholización ontológica, su tapeo filosófico y su marcha epistemológica. Extrañaré esos rincones llenos de sorpresas: El Kabokla y su comunidad brasileña, el Aires de Minho y el fútbol mojado en cañas y pimientos del padrón; las bodegas Rivas y el buen vino; el casi invicto irlandés de tribunal, con las pintas perfectas de Helen y el gol de México que nunca llegó. La Vía Láctea y su fabuloso primer piso sin humo; los falafels con picante y queso; la plaza de los cubos y sus cines en su idioma original; el autobús A. Extrañaré sus coronas, valentinas y tequilas consulares; su paseo de recoletos; sus baños que ponen McDonald´s en la puerta, siempre dispuestos para las necesidades más imperiosas; Somosaguas con su arquitectura carcelaria y sus pintas asquerosas, pero con su calidez anarquista; el metro y las eternas obras gallardonescas; sus primeros rayos de sol en primavera y los escotes que florecen con ellos. Su próxima estación esperanza, su Plaza Mayor y muchas cosas más. Pero sobre todo los compas de por aquí que han sido mi familia en el "exilio" académico-sudaca. Y ya lo dijo Sabina, siempre habrá un tren que desemboque en Madrid.